¿Y las "grandes plumas"? A ver si mueven el traste, colegas
La persona que más me enseñó de esta amada profesión, siempre me dijo que no se hace periodismo detrás de un escritorio o leyendo la tapa de los diarios. “Periodismo se hace en la calle, donde pasan los cosas”. En el lugar de los hechos en definitiva, observando conductas, interpretando el interés popular.
Pero parece que no todos piensan lo mismo. O por lo menos eso fue el mensaje que yo recibí después de ver de principio a fin la conferencia de prensa brindada por la Señora Presidenta de la Nación.
Como sucede durante la semana previa a un River – Boca, o algún otro evento deportivo determinante, la cobertura de lo que estaba por venir fue casi tan importante como el hecho mismo.
Entonces surgieron las estadísticas: que era la primera conferencia de prensa de un presidente desde 1999. Se hicieron especulaciones: el día elegido era el mismo, sólo que un rato más tarde, en que Palermo se inauguraba oficialmente la muestra Rural. Y también se publicaron todos los interrogantes a los que Cristina Kirchner debería dar cuenta. O por lo menos los que los periodistas le iban a plantear. Estaba todo dicho, era un hecho inédito, casi histórico. De un lado la representante de los gobiernos que no hablaban con la prensa. Del otro, los que necesitaban respuestas.
Entonces, me senté en el sillón, esperando un duelo antológico. Allí estarían las grandes plumas de los diarios más importantes del país; los críticos periodistas que desde sus programas de cable marcaban los errores del gobierno; esos formadores de opinión que todos los días en la radio soñaban con sacarle esa respuesta única a la presidenta. Pero no, no había ni uno. Ustedes dirán que pequé de ingenuo, tal vez. Pero no me arrepiento, porque sigo creyendo y amando el periodismo.
Yo creía, que todos los que durante los últimos meses reclamaron una y otra vez que el gobierno tenía que cambiar su trato con la prensa, y que tenían muchos interrogantes para hacerle a la presidenta; iban suspender por un rato su merecido descanso de un sábado por la tarde, para darse una vuelta por Olivos, y preguntarle a ella, cara a cara, todas esas preguntas que necesitaban respuestas. Porque ellos preguntan, porque la gente quiere saber.
No, no estuvo ninguno. Salvo algún caso aislado, la cobertura quedó a cargo de los cronistas o movileros que estaban de turno ese sábado por la tarde. Ellos preguntaron, más o menos, lo que se esperaba se preguntara. Algunos, hasta pusieron en practica durante este “hecho inédito”, ese periodismo insolente que tanto se ha puesto de moda en los últimos tiempos. Esa manera de hacer periodismo, que cree que se incómoda más al entrevistado cuestionándolo que preguntándole. Un detalle.
No, esos que yo esperaba que arrinconaran con sus incisivas preguntas a la señora presidenta, vieron la conferencia de prensa tan esperada desde sus casas. O en el mejor de los casos, desde las redacciones.
Seguramente mañana escribirán sus columnas de opinión analizando cada una de las respuestas, señalando gestos y silencios, marcando que dejó de contestar. Enfrentarán las cámaras y repetirán los momentos más críticos de la conferencia. Mostrarán cuando ella se enojó, o cuando corrigió a algún periodista, o cuando esquivó contestar sobre algún tema puntual.
Qué lástima, pero ellos no estuvieron allí para preguntar lo que todos queríamos escuchar. Con todo respeto muchachos, y hasta en algunos casos con admiración, muevan el traste. A mí me enseñaron que esa es la mejor manera de ser un gran periodista.
Gustavo Oulego para minutouno.com
Sábado 2 de Agosto de 2008 20:14